“El Alto Valle es una microregión valiosa, pero estamos en riesgo. El cambio climático lo va a afectar profundamente”

La arquitecta Silvia Fajre es salteña, pero hace más de 40 años que vive en Buenos Aires. Fue ministra de Cultura durante la gestión de Jorge Telerman y desde el año 2008 dirige Fajre & Asociados, consultora dedicada a la Gestión Cultural y Territorial. Es una de las encargadas de realizar un Plan de Desarrollo Territorial para el Alto Valle Calchaquí, tarea que comenzó en 2019. Un proyecto que busca preservar el territorio salteño y fue financiado por la Unión Europea. En una entrevista con El Tribuno, la especialista cuenta la importancia que tiene esta microregión que cuenta con un patrimonio natural y cultural sumamente valioso.

¿Cómo se une su profesión con el Alto Valle?
Me encanta volver y poder trabajar en Salta después de tanto tiempo. Me especialicé en planificación y patrimonio y esa vocación me nació en Salta, porque la provincia siempre fue una pionera en este orgullo identitario de su patrimonio. El Alto Valle es una microregión extraordinariamente valiosa en cuanto a su patrimonio natural y cultural, pero estamos en una situación de riesgo porque es muy frágil. Los estudios ambientales nos muestran que el cambio climático lo va a afectar muy profundamente.

¿En qué sentido?
Va a aumentar la temperatura y el Alto Valle tiene muy pocos recursos de agua, por lo que se va a poner muy crítico. Al aumentar la temperatura y disminuir la cantidad de agua, la producción agrícola, que es la que sostiene de alguna manera todo ese tejido social que es el soporte patrimonial más significativo del Alto Valle, va a sufrir y no va a haber soporte económico o se va a dar una crítica situación económica. Entonces, el Plan de Desarrollo Territorial (PDT) lo que intenta dar es promover el desarrollo para ese territorio, que combine una serie de proyectos y programas para mejorar las condiciones del área y proteger el patrimonio natural y cultural de la zona. El patrimonio es un capital que bien usado puede desarrollar una buena calidad de vida de la gente. Hay que saber usarlo, sin deteriorarlo, para hacer un plan sostenible.

¿Cómo se logra el desarrollo  en esa región donde están involucrados cinco municipios?
Lo que estamos proponiendo es un plan que tiene dos grandes patas o líneas. Una es la parte propositiva, que son todos los ejes estratégicos, los programas y los proyectos que se le propone a los municipios. Por otro lado, está el cuerpo normativo que es el que de alguna manera sostiene o legisla la protección de los distintos tipos de patrimonio. Ambos tienen que trabajar en forma conjunta porque, si bien la ley es indispensable, es insuficiente para el desarrollo. 

¿Qué buscan con la incorporación de estas normas?
Esto es muy bueno porque el Estado y los municipios tienen herramientas para poder controlar la situación del territorio y no correr detrás de los problemas, porque una de las cosas más complicadas en la gestión es correr atrás de los problemas porque estás siempre apagando incendios. En cambio, cuando tenés un instrumento que dice acá no puede asentarse una población después no hay que lamentar ni pérdidas materiales ni pérdidas humanas. 

¿Qué opinión tiene sobre la región y cómo se debe desarrollar?
El PDT no es un plan para un día, es de largo plazo, para los próximos 20 años para que haya una brújula en la toma de decisiones. Significa saber cuáles son los puntos débiles del territorio y de alguna manera tratar de resolver, las causas del problema y no solamente los emergentes. Lo que nosotros estamos planteando son seis ejes estratégicos, 13 programas y 49 proyectos de los cuales cada municipio elegirá en cuál quiere poner el foco y cómo actuar. Obviamente, entiendo que no va haber recursos para desarrollar los 49. Entonces lo que hicimos es una valoración de las propuestas, donde medimos el impacto que tiene, la prioridad, el nivel de requerimientos y el grado de dificultad. 

Un ejemplo de los proyectos...
Por ejemplo, el primer nivel es ambiental. Entonces planteamos cómo te tenés que preparar para el cambio climático, como mejorar el uso del suelo para no contaminarlo, como trabajar el tema de residuos porque si vos tenés un basural a cielo abierto hay un riesgo de contaminar el suelo y el agua y ese poco suelo que vos tenés lo vas a matar y contaminar y así agotar el poco recurso que tenés. O por ejemplo la optimización del sistema territorial. Nosotros descubrimos que los cinco municipios funcionan muy dependiente de la Capital, pero desconectados entre ellos. Entonces nosotros pensamos que tienen que trabajar los cinco juntos, colaborándose mutuamente para consolidar una red interna en la microregión.

¿Cómo se logró esa interconexión?
Ha cambiado la óptica. Antes, la gente, no solo los funcionarios, nos decían: “Nosotros miramos nuestro municipio”. La idea de este trabajo es que justamente miren lo que está haciendo el otro y puedan articular en algún sentido en beneficio de la resolución de problemas. 

¿Qué ayudó para que se empiecen a ver como un todo y no solo una parte como antes?
Lo que creo que ayudó a que se empiecen a mirar fue la pandemia, porque puso en evidencia el alto nivel de dependencia con Capital y con una ruta muy complicada no era bueno. Entonces, naturalmente se empezaron a conectar de otra manera. 

Es darles las herramientas...
Es también dejarle todos los instrumentos a la gente porque una de las cosas que nos parece importante es que hoy el Estado no puede resolver todos los problemas, tiene que participar la comunidad en la resolución de sus problemas para optimizar los recursos que tienen.

Recién dijo que por la pandemia los municipios descubrieron que eran muy dependientes de la Capital. ¿Qué otras cosas descubrieron en el 2020, año tan especial?
Yo veo que se organizaron para tratar el COVID. Había un COE que trabajaba en la microregión y te iba diciendo que era lo que pasaba. Entonces creo que eso fue como tener un ejercicio de ver que pueden cooperar porque cada municipio tiene sus problemas y sus potencialidades. La idea es que se complementen entre sí y funcionen como una microregión y no depender exclusivamente de la Capital porque eso los debilita claramente. Me animaría a decir que hay un proceso de apertura, de mirar que están haciendo los otros municipios, no para opinar sino para entender cómo está funcionando la microregión. 

¿Ya hay una conciencia en la gente como microregión?
Cuando se instala como una marca la gente empieza a reflexionar y dice yo pertenezco al Alto Valle no solamente de La Poma, Seclantás o de Molinos. Esa inclusión territorial de los cinco municipios es visualizado desde adentro y desde afuera y es importante. Hay muchos planes que son importantes y nos han servido de base para lo que estamos haciendo, pero vos sabés que los planes son de carácter estratégico y hay que irlos actualizando. Este trabajo, lo que hizo es apoyarse en los trabajos anteriores y desarrollar de una manera integral, abarcando todos los aspectos sociales, económicos, ambientales y físicos, para tener una mirada holística sobre el territorio y hacer una propuesta que tiene ejes bastantes diferentes y que podrán elegir. 

¿Cómo podría definir a todo el trabajo que se está haciendo en Alto Valle?
Voy definírtelo así. Es una oportunidad que tiene el Alto Valle, que no puede dejar pasar, de tener instrumentos que le permitan proteger su patrimonio para el desarrollo de la región y mejorar la calidad de vida de la gente. Hay algo que no dije y que me parece como central, es que parte de la población que migra porque las condiciones de vida no son las que le ofertan los grandes urbanos. Nuestra idea es que esa gente no tenga que migrar por requerimientos económicos, que tenga una mejor expectativa en su calidad de vida.